Durante el último año se llamó a silencio y optó por el bajo perfil.
Ahora, a un paso de ocupar la Secretaría de Seguridad porteña, y luego
de la tragedia en el boliche República Cromagnon que ya se cobró 187
vidas, el diputado nacional Juan José Alvarez (PJ-Buenos Aires) regresa a un lugar de máxima exposición pública.
Ubicado en una de las últimas filas en el recinto de la Cámara baja,
Alvarez no pronunció muchos discursos desde que asumió su cargo por el
PJ en diciembre de 2003, como parte del llamado “tren fantasma”, frase
con la que la oposición identificó a las viejas figuras de la política
que llegaron a la Cámara y desilusionaron a quienes esperaban nuevas
caras, luego de la crisis de 2001 y del “que se vayan todos”.
Alvarez conoce bien la cartera de Seguridad, que comenzaría a manejar
en las próximas horas. De perfil dialoguista y a la vez frontal, entre
el 25 de octubre y el 23 de diciembre de 2001 fue secretario de
Seguridad de la provincia de Buenos Aires, durante la administración del
entonces gobernador Carlos Ruckauf, gestión signada por los saqueos que
conmovieron al país.
Se lo acusó de conducir una policía ineficaz, pero él se defendió con
su estilo: “Prefiero que se pierdan latas de tomates y no vidas
humanas”, respondió.
El 24 de diciembre de 2001 el funcionario fue elegido por el fugaz
presidente Adolfo Rodríguez Saá para la Secretaría de Seguridad
Interior, cargo en el que fue confirmado más tarde por el ex primer
mandatario Eduardo Duhalde, su padrino político.
Desde esa función, Alvarez coordinó el operativo conjunto de las
fuerzas de seguridad montado alrededor del puente Pueyrredón, el 26 de
junio de 2002, para contener una protesta piquetera.
Ese día, la marcha terminó con la muerte de los piqueteros
Maximiliano Kosteki y Darío Santillán, militantes del Movimiento de
Trabajadores Desocupados (MTD) Aníbal Verón, que obligó a Duhalde a
acortar seis meses su mandato presidencial.
Moderado
El 10 de julio de ese año fue premiado por su mentor y juró como
ministro de la unificada cartera de Justicia y Seguridad. Esquivo a la
hora de las definiciones políticas (no se considera ni partidario de la
“mano dura” ni “garantista”), Alvarez acompañó a Duhalde hasta el final
de su mandato y volvió al Ministerio de Seguridad provincial de la mano
del gobernador Felipe Solá, en septiembre de 2003, en reemplazo de Juan
Pablo Cafiero.
“Hay policías buenos y policías malditos”, declaró un mes después de
asumir, cuando la política gubernamental de depuración policial que
defendía comenzó a mostrar su ineficacia y a recoger descontento en las
fuerzas de seguridad.
El ex ministro de Justicia Gustavo Beliz había calificado por esos
días de “gravísima” la situación de inseguridad en la provincia y
preparaba el plan de seguridad anunciado en la Casa de Gobierno en abril
de 2004, sin concreción efectiva.
“Los lemas de mi gestión son idoneidad y transparencia”, afirmó luego
este abogado, egresado de la UCA. Primer intendente del partido
bonaerense de Hurlingham (entre 1995 y 1998, y desde 1999 hasta 2001), y
alguna vez cercano a Carlos Menem, Alvarez forjó un fuerte vínculo
político con otros dos jefes comunales de extracción duhaldista: Alberto
Balestrini (La Matanza) y Julio Alak (La Plata), con quienes formó un
polo de poder independiente dentro del PJ, conocido como “Los tres
mosqueteros”.
Integrante de las comisiones de Legislación General, Asuntos
Constitucionales, Comunicaciones e Informática, Juicio Político y
Transportes, desde que asumió en Diputados presentó sólo nueve
proyectos, según datos extraídos de la página web de la Cámara baja.
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